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Cada vez hay más especialistas en nutrición que cuestionan el valor de los productos lácteos a la luz de numerosos estudios que han asociado su consumo con una gran variedad de problemas de salud, contradiciendo en muchos casos el concepto de alimento básico que popularmente se tiene de ellos.

 

EL CALCIO : UNA CONTROVERSIA DE LA LECHE

 

Leche, calcio y la absorción de éste último

 

Cada vez hay más tipos de leches de origen animal. De las enteras, semidesnatadas y desnatadas pasando por las enriquecidas con calcio yomega-3, hasta las sin lactosa. Y también cada vez hay más leches de origen vegetal porque se incrementan las personas que dejan de consumir leche de origen animal. Las razones que esgrimen los consumidores para justificar este cambio son múltiples: desde que la leche les sienta mal, hasta la convicción de que les produce obstrucción de las vías respiratorias por el aumento de mucosidad. ¿Hay razones objetivas para pensar que realmente es así?  Y sobre todo ¿es básico que el calcio ingerido en nuestra dieta provenga de la leche de vaca?

 

Me gustaría dejar claro que mi objetivo es únicamente que se amplíe el ángulo de visión y sobre todo, el respeto y consideración hacia otras posibles maneras de posicionarse frente a un alimento de origen animal, no diseñado inicialmente para el consumo humano.        

 

Antes de abordar de lleno el análisis del calcio,  intentaré situar el consumo de leche.  

Cada vez hay más especialistas en nutrición que cuestionan el valor de los productos lácteos a la luz de numerosos estudios que han asociado su consumo con una gran variedad de problemas de salud, contradiciendo en muchos casos el concepto de alimento básico que popularmente se tiene de ellos, incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que “un consumo excesivo y demasiado precoz de lácteos de vaca no modificados supone una carga excesiva para el riñón y puede aumentar el riesgo de anemia por el bajo contenido de hierro de la leche y porque causa pérdidas intestinales de sangre”.

 

La Fundación de la Dieta Mediterránea, órgano que propuso a la UNESCO la candidatura de ésta y que reúne a los expertos nutricionales de la mayoría de los países mediterráneos, expone textualmente, en el apartado de lácteos de su Decálogo: “Consumir diariamente lácteos, principalmente yogur y queso”. La razón principal por la que no menciona la leche, es porque se han puesto en duda la mayoría de sus componentes: elevada cantidad de grasas saturadas, intolerancia a sus hidratos de carbono o alergias a las proteínas lácteas en la infancia.

 

Cada vez hay más especialistas en nutrición que cuestionan el valor de los productos lácteos a la luz de numerosos estudios que han asociado su consumo con una gran variedad de problemas de salud, contradiciendo en muchos casos el concepto de alimento básico que popularmente se tiene de ellos. Si en algo están de acuerdo los expertos es en que la leche lleva una importante cantidad de calcio, pero discrepan en si este calcio es absorbido o no por el cuerpo humano y el efecto de otras sustancias que acompañan al calcio.

 

 

Alternativas al calcio de la leche

alternativas al calcio

 

El calcio no sólo está presente en los lácteos, esa sin dudas es una excelente noticia para los vegetarianos y veganos, pero además también para aquellos que tienen problemas para digerir la leche  por ejemplo, o para los que buscan una alternativa más a estos productos que provienen de la vaca o la oveja.

La controversia parte de un hecho concreto: el hombre es el único mamífero que continúa bebiendo leche después del destete. Si bien esto es real, también lo es la importancia del calcio en el cuerpo humano, un mineral que es esencial para los huesos, la coagulación de la sangre, la contracción muscular y a la activación de enzimas entre otras funciones. Pero igual de importante y cierto es el hecho de que no solo se encuentra en la leche.

 

 

En la creencia popular, se dice que los lácteos son los alimentos que contienen más calcio, que es el que mejor se absorbe por el cuerpo y que el consumo de leche está directamente relacionado a la prevención de la osteoporosis. La verdad sobre esto es:

 

En primer lugar, es preciso saber que el alimento que más calcio nos aporta son las semillas de amapola (con 1448 mgr por cada 100 gramos), luego sigue el alga awake (1380). La leche de vaca tiene solamente 120 mg, lo mismo que el yogur. Otras fuentes repletas de calcio son el alga kombu, el sésamo, la soja, las almendras y la col rizada (más de 150 mg).

 

En segundo término, está comprobado que el calcio que mejor se absorbe es el de las algas, seguido por las hortalizas de hojas verdes, los frutos secos, las semillas oleaginosas, los cereales integrales y las legumbres. Luego viene la leche o los lácteos.

 

Por último, las investigaciones recientes han demostrado que a diferencia de lo que se cree, la leche puede causar osteoporosis si se consume durante toda la vida. Por ejemplo, en los países donde más se consume este lácteo (Suiza, Finlandia, Suecia y Holanda) hay más casos de esta enfermedad que ataca a los huesos. En las naciones donde menos se consume (Liberia, Camboya, Ghana, Congo), la osteoporosis es muy rara de encontrar. Siendo el calcio uno de los compensadores del equilibrio de la sangre, cuando esta se acidifica, necesita compensación, para ello el organismo roba el calcio anteriormente asimilado a los huesos. ¿Cómo se acidifica la sangre? Pues consumiendo una dieta rica en aminoácidos (carne), refrescos, azúcar, café, productos refinados, tabaco, etc. Entonces, ¿no deberíamos preocuparnos también por éstos factores?

 

calcio por alimento

 

El calcio en alimentos no lácteos

 

El calcio de los vegetales, algas, frutos oleaginosos, etc., es muy bien recibido por nuestro organismo que está preparado para asimilarlo. En cambio, el calcio de los productos lácteos, debido a la caseína y la relación calcio/fósforo, no es asimilado.

H. Diamond (Estados Unidos) demostró que la caseína de la leche disminuye la asimilación del calcio.

 

La relación calcio / fósforo de la leche de vaca y su contenido elevado en fósforo, acidifica al PH sanguíneo, obligando al organismo a extraer al Calcio de sus reservas naturales óseas, después de haber utilizado el calcio proveniente de la alimentación, por lo que la leche, favorece la pérdida de calcio procedente de nuestra masa ósea.

 

 

Factores que afectan a la absorción de calcio:

 

 

El Magnesio es necesario para la absorción de calcio, pero por otro lado, altas concentraciones de magnesio rompen el equilibrio calcio-potasio-magnesio e impiden la absorción de calcio en el intestino.

 

El Potasio es necesario para la absorción de calcio, pero por otro lado, altas concentraciones de potasio rompen el equilibrio calcio-potasio-magnesio e impiden la absorción de magnesio en el intestino, y por lo tanto la asimilación de calcio.

 

Vitamina D, indispensable para que el calcio se absorba y se fije en nuestro organismo. Si bien es cierto que hay lácteos ya enriquecidos con vitamina D, la forma más interesante de  obtenerla es a través del sol y de los complejos vitamínicos.

 

Los Fosfatos de la leche de vaca, así como de muchos alimentos preparados o refinados (los fosfatos se utilizan como aditivos) dificulta la absorción del calcio. Por eso, si alimentamos con leche materna humana a nuestro bebé, a pesar de que esta contiene menos calcio que la leche de vaca, hará que nuestro bebé tenga más calcio para su organismo, ya que lo absorberá mejor.

 

Un entorno intestinal demasiado ácido o un entorno intestinal demasiado alcalinofacilitará la eliminación del calcio en la orina. Por eso las dietas muy acidificantes o los antiácidos (prevenir o curar la acidez estomacal) dificultarán la absorción de calcio.

 

Los oxalatos son componentes de muchos alimentos que pueden dificultar la absorción de minerales. Por ejemplo el cacao (chocolate negro sobre todo), las alubias, las bebidas con cola o las espinacas, contienen una buena proporción de oxalatos. Un exceso de oxalatos favorece la aparición de cálculos renales.

 

 

Conclusión: si nos fijamos, con respecto a los minerales (igual que con la mayoría de sustancias de nuestro organismo) la clave está en el equilibrio. Los minerales “trabajan en equipo” en proporciones muy concretas, por eso, cuando tomamos un complemento alimenticio a base de un mineral, debemos tener en cuenta que el exceso de un mineral promoverá seguramente la eliminación de otro. Por poner un ejemplo concreto: para que el calcio sea bien absorbido en el intestino, se debe encontrar en una relación de 2 “unidades” de calcio por una de fósforo. Si se rebasa esta cantidad de fósforo, el organismo eliminará la combinación, que se estima que es lo que ocurre con la leche de vaca, mientras que la leche humana contiene estos minerales en la proporción idónea para nuestro organismo.

 

En resumen, cualquier persona que se preocupe por la salud debe cuestionarse si el consumo de productos lácteos es realmente indispensable. Existen muchos indicios que en realidad pueden acarrear problemas de salud. La leche y demás lácteos no son necesarios en la dieta, y tenemos formas de reemplazarlos por otros alimentos más saludables. Así pues, ¿por qué seguir consumiéndolos? Una dieta sin lácteos puede cubrir todas las necesidades nutritivas y sin riesgos para la salud. En realidad, podemos alimentarnos perfectamente, sin tener carencias de ningún tipo, prescindiendo de los lácteos. La necesidad de sustituir los lácteos por otros alimentos responde a dos razones: una, la preocupación por el calcio; y la otra, el apego psicológico al "amamantamiento" diario.

 

 

 

 

Lo que si me parece muy importante, y me gustaría romper una lanza a favor de esto, es la leche materna en el bebé, exclusiva hasta los 6 meses y luego alternándola con otros alimentos. Pero esto me servirá para otro artículo, éste no es el adecuado.

 

Del calcio nos tendríamos que preocupar de las pérdidas más que del suministro e incluir en la dieta una buena cantidad de vegetales que contienen ese mineral.

 

Así, en mi opinión no es básico el consumo de calcio procedente de la leche, debiendo ser una elección de cada persona siempre que, supervisado por un profesional, no existan enfermedades, ni problemas que ordenen un tipo de dieta o consumo alimenticio determinado.

 

No hay ningún tipo de alimento que se deba castigar , la elección de los alimentos debe responder, naturalmente, a los principios de una alimentación equilibrada y también a necesidades socioculturales, en las que las nociones de placer, gusto e identidad son igualmente importantes.

 

En fin, será cuestión de saber alimentar la autoobservación, porque cada persona y su cuerpo es un mundo.

 

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